
Como todos los días dando las siete de la noche entro a mi recamara, abro el closet y busco mi pantalon y una playera que no me quede ajustada, lo sé me han dicho que no debo vestirme así pero me sieto comoda y no lo pienso cambiar, me pongo mis tenis y tomo mi mochila y salgo rapidamente de la casa, ¡Cuantas veces te he dicho que no te vayas tan ajustada de tiempo! es lo que mi mamá siempre me dice, voy caminando y comienzo a desesperarme ya quiero llegar sentir como mi cuerpo se conecta con la música, se mueve al ritmo de lo que escucha y siente la necesidad de expresar cada compas, sí se ha vuelto una necesidad, como si fuera una adicción, mi hermana me lo dice pero no me importa esto es mi vida, sí así como lo escuchas es mi vida.
Llegando a la escuela todas se preparan y se quitan las chamarras o sudaderas y se colocan de nuevo en el lugar donde días tras días lo hacen ya sienten que es parte de ellos ese pedacito de suelo, de momento vemos entrar a un joven y todas nos hacemos la misma pregunta, no es necesario decirlo nuestras caras nos delatan ¿va a bailar? si se prepara y busca un lugar.
La maestra camina a la grabadora y pone la primera canción, ¡Que emoción volveré a desconectarme un rato de la rutina diaria!, y dejo que mi cuerpo se eleve a su máxima expresión y se conecte en ese mundo mágico, lo sé me apasiono tanto sigo a mi maestra como un bebé a su mamá para aprender todo de ella, y en eso una voz me hace regresar; ¡Buenas noches! ¿ya calentaron? vamos a iniciar…dice la maestra.
Una, dos, tres canciones el reloj camina y sus manecillas no se detienen, el tiempo corre a gran velocidad, ¡No puede ser la clase termino! me espero un momento, es malo salir rápido te puede hacer daño o te enfermas o como dicen las abuelitas te entra aire, salgo de la escuela y camino lento a casa mi mente divaga, toco la puerta y me recibe mi bebé, corre a mi y me grita ¡MAMÁ! es tan lindo y lo quiero tanto y es cuando vuelvo a regresar a mi mundo y me bajo de esa nube fascinante.